Rosolución de problemas a través de tomar distancia

Un largo paseo por la terminal de un aeropuerto, un café en una estación de tren, la última maleta cargada en un coche, la primera vista del mar o la primera respiración en la montaña pueden ser momentos óptimos para adquirir consciencia de que estamos tomando distancia de problemas que requerirán en breve de toda nuestra habilidad para la toma de decisiones.

Evaluemos los posibles beneficios de «tomar distancia» para la resolución de problemas y la toma de decisiones.

Visión Global.

Algunos entrenadores colocan algún compañero del equipo técnico en la parte más elevada de los estadios de fútbol para poder tener una conexión con la perspectiva global de la situación, los movimientos y la colocación de los jugadores, etc. Los gritos, las carreras, los enfados; el puro partido desde la banda, te impide ser preciso en la importancia. Una habilidad fundamental de liderazgo es saber buscar perspectiva cuando estamos totalmente enfocados en un problema o tarea.

La presión del día a día nos orienta a una visión cerrada que suele prestar una atención mayor a elementos poco importantes pero urgentes a la hora de tomar decisiones. El camino que habíamos visionado empieza a jalonarse de elementos que nos impiden ver con claridad y nos restan energía. Tomar distancia nos permite elevarnos por encima de la situación y adquirir una visión global de lo que está pasando. Podemos entonces percibir lo que nos está frenando e incorporar elementos esenciales que hemos dejado fuera y, sobre todo, recuperar la fuerza y el compromiso que nos otorga la limpieza de nuestra propia visión, para volver a ver el problema como un reto y dar la vuelta al reloj de arena de nuestra energía al acometerlo, pudiendo de esa forma afrontar problemas para los que posiblemente hayamos aplicado ya dosis elevadas de postergación o procrastinación.

Impulso Creativo.

Recuerdo un taller de Lego Serious Play de Innovación Estratégica que facilité hace poco donde decidí poner un punto de distancia para generar confianza entre los participantes. En él, una persona regaló un feedback a otra a modo de historia, una historia medieval de castillos, reyes y reinas, princesas y príncipes. Un castillo donde esa persona era feliz y desplegaba todo su conocimiento, pero donde nadie podía disfrutar de ella. Un feedback que era un grito: ¡Muéstrate como eres porque me gusta como eres! Todo el resto del taller quedó supeditado a conceptos que emanaron de ahí. Ideas alrededor de comunicación, publicidad, identidad, empatía, habilidades sociales.

Hay muchas conexiones pendientes de unirse al conocimiento que tenemos para generar ideas nuevas. Esto puede suponer el salto de calidad fundamental en nuestra forma de afrontar la resolución de problemas. En este tipo de procesos, a la hora de generar nuevas ideas en fases de divergencia de pensamiento, se utilizan estímulos que buscan precisamente tomar distancia de nuestros esquemas habituales.

Cualquier objeto, palabra, mirada, historia o relato que nos cuentan otras personas de situaciones pasadas, presentes o futuras, en este nuevo contexto de la distancia, puede suponer un fantástico estímulo para abrir esas nuevas conexiones que unen mundos para aportar nuevas ideas para nuevas soluciones de un problema que nos parecía único.

La inteligencia creativa busca permanentemente nuevas opciones para la combinación y re-combinación de ideas. El mundo está lleno de ellas. Nuestro despacho suele tener siempre tiene las mismas.

La inteligencia disruptiva supone hacer tabla rasa. Partir de 0. ¿Qué pasaría si empezáramos de nuevo? Tomar la máxima distancia posible de «nuestra» realidad, con la premisa de que existe al menos una realidad por cada persona.

Creatividad o disrupción, la distancia colabora en la diversidad de nuestra inteligencia.

Cambio de emoción

¿Quién no habrá llegado a su trabajo enfadado con el inicio del día?: colegios, tráfico, llamadas a primera hora. Quién no habrá sentido que no controla las decisiones que toma, que las dicta alguno de los muchos tipos de miedo que nos asaltan, el miedo a fallar, al qué dirán, a perder autoridad, a perder confianza en nosotros mismos…

«La acción es coherente con la emoción, no con el hecho»

Las emociones que vivimos durante los procesos de resolución de problemas condicionan totalmente el resultado de nuestras acciones. Y cuando estamos en situaciones de estres máximo, cuando hemos perdido el control sobre una decisión por falta de visión o alternativas, suelen aparecer emociones como el miedo, la ira o la frustración.

Ninguna emoción es buena ni mala en sí, pero una mala concordancia entre la acción a decidir y la emoción desde la que la tomamos, sí puede resultar peligrosa.

La pregunta entonces es: ¿Con qué emoción quiero afrontar esta decisión? Tomar distancia nos ayuda a introducir emociones nuevas en los mecanismos de respuesta a esta pregunta fundamental. Esa distancia nos libera de anclas emocionales y nos permite vivir nuevos estados anímicos mucho más orientados a decisiones constructivas.

Estimula nuestra inteligencia emocional.

Vas paseando junto al mar, todavía mojado, te apoyas en la barandilla del paseo marítimo y miras. Has llegado a la cascada, el aire te trae gotas de agua a la cara, te sientas y cierras los ojos. No hay nadie, estás tú. Se mezcla el contexto que acabas de dejar  y no te reconoces. En ambos casos solemos girar la cabeza negando.

Tomar distancia nos deja solos con nosotros mismos. Son momentos para estimular nuestro propio autoconocimiento y tomar conciencia de qué habilidades y valores debemos poner en juego con la máxima pasión para afrontar esos procesos de resolución de problemas. En numerosas ocasiones acabamos mimetizados con la atmósfera corporativa, alejados de nuestra propia aportación profesional que nos hace únicos, incapaces de ofrecer nuestra diferencia para enriquecer la toma de decisiones. Alejarse de esa atmósfera para respirar del aire de nosotros mismos nos permitirá soplar con fuerza cuando llegue el momento de volver para acometer el problema.

Pero este impulso emocional no para ahí. Incorporo al análisis el circuito completo de la Inteligencia Emocional de Daniel Goleman. La autoconciencia es el inicio, pero sus efectos rebote en el resto de competencias emocionales son fundamentales. Tenderemos a entender la situación de las personas que intervienen en los procesos de resolución de problemas, empatía, aspecto este fundamental en el liderazgo actual y punto de partida de procesos innovadores como Design Thinking a la hora de buscar nuevas ideas para nuevas soluciones. La auto-conciencia emocional refuerza nuestra confianza y motivación, el autocontrol de esas emociones facilita nuestra flexibilidad y adaptabilidad y nuestra actitud positiva ante cualquier reto, sea del tamaño que sea.

Y todo este proceso de autoconocimiento emocional puede verse reforzado desde la distancia, al separarnos del problema y acercarnos a las personas, incluyendo a nosotros mismos.

Nos otorga espacios de atención plena.

Los niños aprovechan su paso por el «rincón de pensar» para adquirir esa presencia intencional. ¿Por qué perdemos el «rincón de pensar» los adultos?

Al alejarnos eliminamos obligaciones y permitimos al cerebro destinar toda su capacidad, alejada de ruidos y segundas conversaciones, cada vez que los problemas pendientes centren nuestro razonamiento. Esa sensación de perder la mirada mientras pensamos en algo, plenamente concentrados en ello, el mundo en quietud, nosotros y la situación, nos permite unir presencia e intención, claves absolutas del liderazgo.

El día a día limita nuestra capacidad de estar «totalmente presentes» para resolver problemas.

La distancia nos aleja del problema para acercarnos a su solución.

Nos permite analizar para descubrir el mundo del problema y una mayor capacidad para definir los puntos vitales.

Nos conecta con la filosofía Mindfulness, una regulación intencionada de nuestra atención momento a momento.

Parar, darse la vuelta y andar en sentido contrario a donde queremos llegar.

Quedarse a solas con nosotros mismos, con el mundo y con los demás e integrar todas las miradas.

Elevarnos y mirar la globalidad con toda nuestra gama de inteligencias.

Motivarnos y tomar energía e impulso para afrontar los retos cuando volvamos a converger al punto de partida, que no será seguro el mismo de antes y sin embargo nosotros seremos más nosotros que cuando empezamos a disfrutar de «tomar distancia».

¡Nos vemos en proximas entradas!

Publicado en Buenas practicas, Herramientas, Opinión

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Sobre el autor:

Antonio María Fernández de Puelles de Torres-Solanot

– Ingeniero en Informática de Gestión

– Certificado en ITIL V3

– Certificado en CMMI

– Máster en Business Intelligence, Big Data, Professional Qualification in Management & Leadership

– Máster en Dirección de Comercio Intenacional

– Empresario

– Estudiante de grado en Trabajo Social

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